Polinesia en luna de miel: qué islas elegir, cuándo ir y por qué cuesta lo que cuesta

Bungalows sobre la laguna turquesa de Bora Bora

De todos los destinos que montamos, la Polinesia es el que más veces aparece en la primera conversación y el que menos veces acaba reservándose. Y no siempre por el precio: muchas veces es porque nadie les ha explicado bien cómo funciona, cuánto se tarda en llegar y qué se puede hacer allí además de mirar el agua.

Vamos con lo que de verdad hay que saber antes de descartarlo o de lanzarse.

Primero, la distancia

Conviene decirlo de entrada porque condiciona todo lo demás: desde España son más de veinte horas de viaje con dos o tres escalas, normalmente vía París y Los Ángeles o vía Tokio. No es un destino para diez días.

Por debajo de dos semanas no lo recomendamos: perderíais casi tres días solo en desplazamientos y llegaríais con el jet lag encima justo cuando empieza lo bueno. Catorce noches es el mínimo razonable y dieciséis van muy bien.

Las islas no son intercambiables

Aquí está el error más común: pensar que Polinesia es «Bora Bora». Son más de cien islas y las cuatro habituales en un viaje de novios tienen personalidades muy distintas.

  • Tahití es donde aterrizáis, y es la más urbana y menos bonita del conjunto. No merece más de una noche de tránsito, salvo que os apetezca el mercado de Papeete.

  • Moorea está a treinta minutos en ferry desde Tahití y es, para nuestro gusto, la más espectacular en tierra: montañas verticales, valles de piña y una bahía que quita el sentido. Es también la más asequible.

  • Huahine es la tranquila y la auténtica: pueblos pequeños, vainilla, casi nada de turismo. Es la que más recuerdan las parejas que buscan algo genuino.

  • Bora Bora es la de la foto, y la laguna hace honor a la fama: ese azul existe de verdad. Es también con diferencia la más cara y la más orientada al lujo.

Nuestro Romance en Polinesia: Huahine y Bora Bora combina precisamente esas dos: la isla auténtica primero y la icónica al final.

Cuántas islas caben

Dos, o como mucho tres. Cada salto entre islas es un vuelo interno con su facturación, su traslado en barco al hotel y media jornada perdida. Con cuatro islas en dos semanas acabaríais haciendo maletas cada tres días.

La combinación que mejor funciona: una isla de montaña y una de laguna. Moorea o Huahine para la parte de paisaje, actividad y precio contenido, y Bora Bora al final para las noches de bungalow sobre el agua. Así el viaje tiene variedad y el presupuesto se concentra donde de verdad se nota.

Cuándo ir

La estación seca va de mayo a octubre, con temperaturas agradables, poca humedad y la laguna en su mejor color. Es la ventana buena y encaja perfecto con bodas de verano y principios de otoño.

De noviembre a abril es la húmeda: más calor, más bochorno y riesgo de ciclón. No es imposible viajar, pero para un viaje de este coste no compensa arriesgar.

Un apunte que gusta: entre julio y octubre pasan ballenas jorobadas por las islas, y en Moorea se pueden ver desde barco con relativa facilidad. Si vuestra fecha cae ahí, es un extra que no aparece en los folletos.

De dónde sale el precio

Vamos con la parte incómoda. Un viaje a Polinesia parte de unos 3.700 € por persona y sube con facilidad. Las tres razones:

Los vuelos. Es de los trayectos más largos que existen desde Europa y hay poca competencia en la ruta. Solo el billete internacional ya se lleva una parte grande del presupuesto.

Los vuelos internos. Air Tahiti opera casi en monopolio y cada salto entre islas cuesta lo suyo. Cuantas más islas, más se dispara.

Todo es importado. En las islas casi nada se produce localmente, así que comer fuera del hotel también sale caro. Conviene contar con ello y no asumir que se ahorrará sobre la marcha.

La forma sensata de ajustarlo no es recortar noches, es repartirlas bien: más noches en Moorea o Huahine, que cuestan una fracción, y tres o cuatro en Bora Bora. El recuerdo es prácticamente el mismo y la diferencia de precio es enorme.

Qué se hace allí, además de mirar el agua

Es la duda que frena a las parejas activas, y tiene respuesta. En Moorea hay senderismo de verdad, con miradores sobre las dos bahías. En toda la zona el snorkel y el buceo son excepcionales, con mantas y tiburones de arrecife inofensivos que se ven sin apenas esfuerzo. Se puede hacer una excursión en barco por la laguna, visitar granjas de perlas negras o subir a un mirador al atardecer.

Dicho esto, seamos honestos: no es un destino de mucha actividad ni de patrimonio. Si lo vuestro es ver ciudades y monumentos, Polinesia no es vuestro viaje por muy bonita que sea.

¿Merece la pena?

Si podéis permitíroslo sin hipotecar el primer año de casados, sí. Es de los pocos sitios que superan las expectativas incluso habiendo visto mil fotos, y la laguna de Bora Bora es una de esas cosas que no se olvidan.

Si el presupuesto va justo, mejor no forzarlo. Hay alternativas que dan una sensación parecida por bastante menos: las Filipinas de El Nido y Bohol, Hawái si os tira el Pacífico con más actividad, o Nueva Zelanda si lo que buscáis es el viaje largo de una vez en la vida con paisaje espectacular.

Y si tenéis dudas de si os cuadra, contadnos vuestras fechas y vuestro tope y os decimos con sinceridad si os llega o si conviene otro destino. Preferimos eso a montaros un viaje a medias.

En Viajes de Miel montamos la Polinesia isla por isla según lo que busquéis, cuadrando vuelos internos y noches para que el presupuesto rinda al máximo.

¿Nos ponemos con vuestra Polinesia?

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